miércoles, 16 de febrero de 2011

VALPARAISO

El pasado domingo con motivo de la celebración de San Cecilio el Sacromonte acogió a numerosos ciudadanos que aprovecharon el buen tiempo para subir a uno de los lugares más bellos de nuestra ciudad.
La fiesta (zambra) fue tan dichosa y sirvió tanto a regocijar los ánimos de los concurrentes, que un personaje muy conocido del lugar llegó a decirnos que este año San Cecilio había acabado con la crisis. Si duda esos son lo efectos beneficiosos del encuentro colectivo, de los deseos y las esperanzas compartidos que encuentran su mejor manera de expresarse en la celebración de la fiesta.
La belleza del lugar es tan sobrecogedora que te emociona como si fuera la primera vez que lo ves, cuando bajas de la Abadía y te asomas al Valle de Valparaíso atravesado por el río Darro, el Sacromonte a un lado y enfrente la Alhambra no puedes dejar de pensar en su origen (aunque incierto desde el punto de vista histórico) y recordar a esos primeros pobladores las familias musulmanas y judías expulsadas (de la ciudad intramuros) por la cristianización y que vinieron a poblar sus cuevas junto con los primeros gitanos.
La singularidad del Sacromonte, su potencia paisajística, patrimonial y por tanto turística no puede ser un obstáculo, antes bien tendría que constituir una ventaja para que sus habitantes y visitantes gocen de servicios públicos de calidad, a la vez que deben protegerse y valorarse sus singularidades. Todos los barrios del Distrito Albaycín: Haza Grande, El Fargue y el propio Albaycín, junto al Sacromonte comparten los mismos problemas de accesibilidad, de movilidad, de deterioro de sus espacios públicos (caminos, veredas, placetas), de falta de inversiones en su patrimonio, de deficiencias en equipamientos comunitarios y en el transporte público.
Muchas son las propuestas que pueden y deben ponerse sobre la mesa para acabar de una vez por todas con el abandono de una zona de la ciudad que, en parte, fue declarada por la UNESCO “Patrimonio Mundial” desde hace ya mucho tiempo, desde 1984, y que debe aspirar a levantar la amenaza que sobre ella se cierne por el estado en que se encuentra el Albaycín.
La situación de vacío legal por la falta de aprobación del Plan Albaycín está causando un grave daño a los dos barrios (el Sacromonte está incluido) y la alegalidad está suponiendo una gran indefensión jurídica.
Las intervenciones deben respetar el lugar pero deben necesariamente servir a cualificarlo mejorando la calidad de vida de quienes allí habitan y quienes los visitan, con programas de infravivienda, de mejora urbana, de respeto a la normativa que afecta a lugares que pertenecen al acervo cultural universal, pero siempre teniendo presente criterios de calidad y contemporaneidad que no congelen sino que permitan que la vida siga en Valparaiso y en Granada.
Quizás sea el momento de proponer un gran acuerdo político y ciudadano, porque de la protección y cualificación de estos barrios de nuestra ciudad pende parte de nuestro futuro al que debíamos vincular un proyecto colectivo de incluir otras zonas urbanas y aspirar a la declaración de nuestra ciudad como “Patrimonio Mundial” incorporando a la Alhambra, el Generalife y el Albaycín el Centro Histórico de la ciudad.